Barro y… por fin una eclosión en Anglès

Siguiendo con la jornada de pesca del miércoles, y después de nuestras aventuras por las hermosas corrientes del Ter, la lluvia empezó a caer y decidimos irnos acercando al coche por si arreciaba. De regreso vimos otros pescadores, entre ellos un francés, que justamente había clavado una trucha en una gran poza de corriente suave donde normalmente no acostumbramos a mojar nuestras moscas. Atraidos por la acción,  nos acercamos para ver el desenlace de la pelea y así como la trucha rompe el bajo de nuestro protagonista, vemos, unos 25 metros río abajo un par de cebas en superfície…. luego otra, otra, otra más abajo… se están poniendo moradas a comer efemeras y algun tipo de emergente que desde aquí no podemos distinguir.

Minutos después estoy medio atrapado en el fango profundo que enmarca las orillas de esta poza y me debato para acercarme a una distancia de las truchas que me permita hacer unos buenos lances. Finalmente consigo subir a un altero cerca de un árbol caído junto a la orilla y estabilizo mis pies sobre una superfície que parece más sólida. Desde aquí puedo lanzar en condiciones y hasta pelear una de las grandes truchas que incesantemente se ceban a pocos metros de distancia, alguna incluso no más allá de la punta de mi caña. Un primer lance con mi tándem y veo que las truchas ignoran mi trico por completo. Hay que cambiar. Rápido como el rayo monto una emergente oliva al final de mi línea y vuelvo a poner mis dos moscas en el agua, esta vez, las dos secas. Mi par de engaños deriva ahora perfectamente, sin dragado alguno, por la lisa superfície del agua y ¡Zas…! mi emergente desaparece como engullida por un remolino inexistente… clavo y enseguida noto el peso de la trucha que se revuleve y parte limpiamente mi bajo del 14… “Ha partido al primer tirón un bajo del 14”- me digo alucinado. Casi al unisono, dos enormes truchas rompen la superficie pocos metros más allá, río arriba. No tardo ni dos segundos en seleccionar una nueva mosca y esta vez me arriesgo a probar con un terminal del 15 que tengo, super-transparente y de muy buena calidad, con la esperanza de que la poca luz que hay y la lluvia que cae ahora constante aunque fina disimulen la rudeza de mi engaño. Es la tercera rotura del día y ya no estoy dispuesto a tomar más riesgos… Unos pocos lances después mi confianza baja… mi terminal del 15 no parece que esté engañando a las truchas que toman moscas naturales al lado de la mía como si nada… bajo un momento la guardia. Me entran las dudas “¿Cambio otra vez a un bajo más fino?” Y en estas, “Glup” mi efémera que desaparece. Clavo con precipitación y todo lo que consiguo es salpicar el aire con gotas frías del líquido elemento… pero sin pinchar la boca del pez… Sin embargo, he recuperado la confianza. “Estas truchas no están ni muy selectivas ni las condiciones exigen pescar muy fino. Voy a seguir con mi 15 y aunque tenga solo una picada más, podré ensalabrar mi presa…” me digo a mi mismo en una arenga casi desesperada.

La lluvia ahora es más intensa y el agua, fría como un día gélido en el polo Norte, me está inmobilizando las piernas. No podré aguantar mucho más calado ya hasta la médula y con el agua hasta la cintura… Me concentro pues en los lances y en buscar la mejor postura. Quiero una trucha que suba con regularidad… para ponerle la mosca justo en sus fauces. De repente, mi mosca deriva aparentemente desatendida y poso la mirada un metro más allá, río adentro. Una sombra parece acercarse intencionadamente hacia mi mosca… “¡Es un truchón!” No cabe duda… y se aproxima a escasos centímetros… inspecciona mi mosca… abre la boca y al ralentí, como en la repetición de las jugadas más interesantes, toma mi peludo artificial con toda confianza… le doy unas milésimas de segundo para que se gire y “¡Pam!” ya la tengo clavada.

Esta captura, otra más -también de unos 50cm- y un par más de roturas y fallos fue el balance de la media hora siguiente. Con esto nos retiramos hacia la civilización para calentarnos un poco y recordar los lances más emocionantes de la jornada, que una vez más os he relatado…

Parece pues que el coto se recupera… aunque todavía hay problemas. Uno de ellos es el famoso colector de Cellera, que sigue vertiendo directamente al río en el tramo 3. Luego comento el tema y os pongo un par de fotos que hice para que veias que es hora de denunciar esto con la máxima indignación. La batalla que la junta está librando con este y otros problemas es admirable y desde aquí quiero darles todo mi apoyo. Vamos pues a dar un paso más y poner imágenes a las palabras para evidenciar todavía más este “delito ecológico” al que no me atrevo a quitar las comillas pero que seguro que se merece el adjetivo con todas las letras.

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