La Pobla de Lillet, 5 años después: crónica de pesca

Como iba diciendo, el coto de La Vila, en el alto Llobregat, ha cambiado bastante en los últimos años. Y la pesca de la trucha en este tramo de río que atraviesa el corazón de La Pobla de Lillet no se ha quedado atrás en cuanto a cambios.

Pescando bajo el puente de piedra

Pescando bajo el puente de piedra

Primero, hay que destacar que de truchas, haberlas haylas. Y algunas son de las viejas moradoras de antaño, especialmente, en la parte baja del coto. En el tramo intermedio también hay alguna, sobre todo en la poza del aparcamiento y la tabla que la sigue río abajo. Sin embargo, lo que más encontramos son farios repobladas de entre 25-40cm. Y no hay pocas, aunque nada comparable a lo que este sin muerte nos tenía acostumbrados. Segundo diré que se echan de menos las arcoiris. Muchos me criticarán por decir esto y no proteger la pureza genética de nuestra trucha fario, etc. Sin embargo, para el pescador deportivo que gusta de tentar a un pez voraz y luchador, las bows de la Pobla se echan de menos; por su tamaño, número y porque al final, muchas eran ya nacidas en el río. Sí, sí, nacidas en el río. Sinceramente, y aunque puede parecer una locura, yo espero que en la parte superior todavía se haya salvado alguna y vuelvan por sus fueros. De hecho, las farios repobladas que ahora predominan y los alevines (muchos) que se van a repoblar no son genéticamente la trucha catalana…. con su barretina; no nos engañemos.

Pero vayamos a la pesca. Al principio nos costó bastante encontrar las pintonas porque el río baja bastante alto y el agua ligeramente tocada por el deshielo. No obstante, poco a poco, al acercarnos a las posturas y examinarlas con cuidado fuimos descubriendo peces apostados aquí y allá. Engañarlos no fue tan sencillo como se podría pensar. El agua bajaba muy fría y las pintonas estaban poco activas. Así, empezamos en el puente de piedra y poco a poco fuimos subiendo hasta pescar la poza que hay por encima del puente de la carretera. En este tramo relativamente corto empleamos unas 3 horas de pesca y movimos unas 15 o 16 truchas. En realidad, levantamos más que no vimos. Nuestra sorpresa fue que la mayor parte de capturas las realizamos con mosca seca. Tricópteros de pelo de ciervo, básicamente. Alguna sucumbió también a la ninfa de mi tándem (una coper de las de siempre del número 16).  La pheasant tail también se anotó algunas picadas y un par de capturas. Esto fue por la tarde,  justo a la salida de lo que se conoce como el túnel. Allí había algunas truchas de buen porte apostadas y con un tándem de nínfas acabaron por picar. Nada comparado con los enormes morlacos que solían frecuentar este enclave…

En resumen una jornada decente, con bastante acción y, por encima de todo, buenas perspectivas de recuperación para este coto tan entrañable.

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