El sueño de un pescador de bass con mosca (1)

Si ya la pesca del bass encierra en si misma un encanto y una mística que resiste pocas comparaciones, cuando se trata de capturar este centrárquido de robusta complexión, y la pesca nos lleva a parajes cuya belleza nos embrujará, nuestro deporte favorito se convierte en la realización de un sueño. Esta onírica receta se completa cuando estos peces están apostados en corrientes y posturas al alcance de nuestras moscas. Todos estos ingredientes se juntan en las hermosas tierras de Nueva Inglaterra, donde el bass de boca pequeña tiene uno de sus mejores refugios, tanto en ríos de inmenso caudal como lagos de infinita extensión. La fiereza de los bronze backs y la imponente naturaleza que rodea su hábitat natural son los alicientes que nos llevan a New Hampshire para poner a prueba nuestra caña de mosca de línea 5 y nuestras wooly buggers.

Bass de boca pequeña de más de 2 kilos del Winni, un pez de trofeo según los propios guías de la zona

Bass de boca pequeña de 2,5 kilos del Winni, un pez de trofeo según los propios guías de la zona

Cuando vi por primera vez el Winnipesaukee River, pensé que había malgastado mi tiempo al recorrer más de 4.000 kilómetros en un viaje que había estado preparando durante muchos meses. Sin embargo, cuando me acerqué más a la inmensidad de las aguas de corriente lenta de este curso fluvial en el centro de New Hampshire, un pequeño estado al noreste de los Estados Unidos, enseguida se me iluminó la cara y una sensación de alivio recorrió mi cuerpo de arriba abajo. Las cristalinas aguas del Winni, como le llaman los ribereños, eran tan lentas que se podía ver a través de ellas como si de un equipo de resonancia magnética se tratara. Cada piedra, cada agujero y cada accidente geográfico del lecho del río se dejaban ver a un par de metros de profundidad sin ningún problema, de forma que mi mirada escudriñó rápidamente las zonas rocosas y remansadas de los tramos de orilla que alcanzaba a divisar.

Smallmouth de más de 1 kilo pescado en una corriente en la parte alta del Winni

Smallmouth de más de 1 kilo pescado en una corriente en la parte alta del Winni

Era un poco tarde y el cielo estaba nublado, amenazando tormenta. Las lluvias habían sido intensas en los últimos días y los ríos aunque no desbordados, sí bajaban un poco crecidos. Pero el agua no estaba ni siquiera tomada y si el sol hubiese brillado, posiblemente habría podido ver peces hasta a 5 o 6 metros de distancia río adentro. Sin embargo, no había mucha luz y solamente podía ver los codiciados inquilinos del Winni a un par o 3 de metros. Cuando mi visión se adaptó a la luz ambiental y mi cerebro hizo las correcciones necesarias para buscar bass en un río con aguas en movimiento, la rechoncha silueta de un bass de boca pequeña de al menos 2,5 kilos apareció ante mí como si de un fantasma se tratara. El corazón me dio un vuelco y por un instante pensé que no podría contener un grito de alegría. Pero, templando los nervios, lo que hice en lugar de gritar fue sacar línea de mi carrete y en un lance rodado muy preciso, dejar caer mi wooly bugger oliva justo delante de las fauces del pez. Apenas mi mosca tocó el fondo del lecho arenoso en el que estaba apostado el bass, éste hizo un lento picado hacia ella y se quedó mirándola fijamente. Mi pulso era ahora de por lo menos 250 pulsaciones y mi único pensamiento se centraba en anticipar la picada del pez y preguntarme si mi línea del 20 aguantaría los saltos de aquel lunker. Pasados 10 segundos el pez seguía inmóvil a escasos 5 centímetros de mi mosca y cuando con un pequeño tirón de mi cola de rata di vida al amasijo de plumas y fibras verdes que se ofrecía al bass asemejando un pececillo herido que trata de recuperar la superficie y alejarse del territorio enemigo, la enorme hembra reculó, aleteando suavemente, unos 15 centímetros. Mi mundo se derrumbó cuando el pez dio una vuelta sobre si mismo y desapareció en la oscuridad del fondo dirigiéndose a aguas más profundas donde sería casi imposible localizarlo. Casi instintivamente recuperé mi wooly bugger y preparé un nuevo lance rodado que alcanzara las aguas más profundas hacia donde se había dirigido el bass. Sin embargo, mientras lo hacía mi cerebro anticipó la inutilidad de un lance de estas características en el que sin tener una visión directa del pez, la picada seria casi indetectable y el clavado con una caña de mosca a esa distancia, en las sólidas fauces de un bass, casi seguro, del todo infructuoso. Mi muñeca cambió entonces de dirección mientras mis ojos recorrían la orilla a mi derecha, corriente abajo, en busca de otra presa. Justo cuando mi brazo estaba en lo más alto y mi cola de rata a punto para desplegarse hacia un apostadero junto a la orilla donde me pareció ver una sombra familiar, por el rabillo del ojo, una forma compacta y sólida apareció de nuevo en escena, justo por donde se había ido. Allí estaba de nuevo. Aparentemente tranquilo como si no recordara que instantes antes, un intruso de insolente aspecto le había hecho alejarse de la protección de la orilla. Esta vez mi lance fue algo distinto. Dirigí mi rodado más allá del pez, de forma que mi mosca cayera por detrás de la cola del pez. La dejé hundir durante unos segundos, y cuando calculé que estaría a la profundidad del bass, empecé a recuperarla a tirones bruscos y tan erráticamente como pude, dada la corta distancia. Al notar la inesperada e insolente presencia de mi engaño, el bass hizo un giro de 45 grados hacia su derecha y agitó sus aletas excitado. Y justo cuando mi mosca se posicionó al alcance de su potente mandíbula, la aspiró tan rápido que se me heló la sangre en las venas durante unos instantes que parecieron siglos. -¿La ha cogido?  ¡No puede ser! Pero mi mosca no estaba ahí y aunque el pez no se movía, hubiese sido obvio para un espectador menos implicado en la escena que mi pequeño streamer estaba en la cavidad bucal del centrárquido. Como siempre, el instinto del pescador es su mejor arma, y, una vez más, prácticamente si saber cómo me encontré con la caña en tensión y mi brazo completamente estirado hacia el cielo plomizo de Nueva Inglaterra y con un enorme bass tirando como una locomotora hacía la corriente principal. Rápidamente ajusté el freno de mi Battenkill BBS III y este empezó a cantar mientras mi cola de rata corría detrás del pez. Al mismo tiempo, mis piernas habían comenzado a moverse y con agilidad felina me habían situado más allá de la vegetación de la orilla, con el agua hasta los muslos, pero libre de las grandes rocas que hacían difícil caminar por la orilla dentro del agua. Sin embargo, esto no sirvió de mucho porque un metro más allá, el agua me llegaba por encima de la cintura y la corriente, que a simple vista se adivinaba suave, me empujaba con insistencia río abajo. Unos 15 metros más allá el pez se detuvo y rápidamente noté la familiar sensación en la caña que indica que el bass va a ganar la superficie del agua. En un par de segundos el pez empezó a saltar, encabritado como un toro de lidia después de probar la puya por primera vez. A cada salto caía un metro más abajo, arrastrado por la corriente…

Bravura sin límites

Muchos pensamientos cruzaron por mi mente ante la bravura y tozuda persistencia de aquella maravilla acuática. Uno de ellos, el que quizás más recuerdo, era la confirmación de que lo que me habían contado sobre la agresividad y electrizante pelea de un bass de boca pequeña poco tenía que ver con la de sus hermanos de boca grande. El hecho de vivir en aguas con corriente y su propia anatomía, hace que el bass de boca pequeña sea un depredador mortífero que cuando se siente prendido de una línea oponga una fiera resistencia a ser capturado con carreras y saltos múltiples, lógicamente aprovechando la corriente con toda su astucia.

Pocas veces llevo mi salabre conmigo cuando se trata de pescar bass, pero ese día, anticipando la posibilidad de clavar alguna arcoiris de trofeo de las que comparten estas aguas con el bass, lo tenía colgado a mi espalda. Nunca me había alegrado tanto de ello. Si obraba con cautela y trabajaba aquel monstruo con inteligencia, podría meterlo en la red cuando estuviese lo suficientemente cerca. Ahora, no obstante, tenía otros problemas. El pez estaba todavía a 10 metros, casi en el centro de la corriente, y la tensión en mi línea 5 era extrema. Después de 6 saltos espectaculares, el pez pareció tomarse un respiro y empecé a ganarle terreno. Sin embargo, en cuanto vio mis piernas bajo el agua, redobló sus esfuerzos y encaró de nuevo su aliado principal: la sólida corriente que tenía ante mí y que a su vez me impedía acercarme más a la fortificación del bass. Mi mente dibujaba ya el pez en la sacadera y soñaba con otras capturas similares en los cientos de metros de orilla que todavía me quedaban por explorar. Aquello parecía un punto caliente de los que pocas veces se encuentra tan rápido. Rápidamente pasé revista a mi pequeña colección de wooly buggers y crazy jacks, anticipando la posibilidad de que con la caída de la tarde necesitara algo más vistoso.

Un repentino cese de la tensión en la línea me devolvió bruscamente a la realidad. Y el pánico se apoderó de mí como de un niño en su primer día en la escuela. Me había distraído y el pez se había zafado de mi anzuelo sin muerte. Mi mano derecha se apresuró a recuperar línea frenéticamente. “Algunos basses grandes nadan hacia la orilla cuando se ven perdidos”, pensé, intentando encontrar similitudes entre los grandes bocazas del sur de Texas y las criaturas bronceadas de las gélidas aguas de las White Mountains. Lo cierto es que a los primeros los conocía bien y pocas veces me sorprendían, pero a los segundos… ¡ese bass de boca pequeña era el primero que jamás había clavado! Y por si fuera poco, lo que tenía entre manos era una caña de mosca, no mi potente bait caster con un trenzado de 30 libras. En un lago, la cosa hubiese sido diferente. Aunque el bass de boca pequeña habita también en lagos donde alcanza buenos tamaños y sin duda ocupa un lugar de privilegio entre otros depredadores como el lucio, la perca o las propias truchas y salvelinos, el bass de boca pequeña que habita en los ríos, grandes o pequeños, es un pez de singular astucia y reacciones de acorde con su medio acuático en movimiento. Otros bass, que capturé al día siguiente en aguas más paradas, bajo una presa pequeña, se comportaron más como sus primos de Texas, pero este, lo hacía más como un gran salmón del río Kenai.

Publicado en TROFEO PESCA.

2 comentarios

  1. Jon said,

    septiembre 3, 2009 a 8:12 pm

    Nunca he tenido la oportunidad de pescar un bass :-S y lo he intentado e! Habre ido como 5 beces a intentar pescarlos y nada…

  2. diariodeunpescador said,

    septiembre 4, 2009 a 7:25 am

    El bass es un pez que requiere mucha tenacidad y paciencia. No es para nada como la trucha. Es un pez caprichoso que actua, segun sus propios instintos, de forma muy distinta según las condiciones atmosféricas, nivel de agua y otros muchos condicionantes que hay que estudiar a fondo para pescarlo con consistencia. Sin embargo, el bass de boca pequeña es, bajo mi punto de vista, mucho más sencillo de capturar. Tienes que encontrarlo en las zonas del río que le gustan y con unas buenas imitaciones de pececillos y moscas suelen entrar. Yo pesqué algunos con tricópteros negros del 16… Estaban subiendo junto con las iris… fue un sereno fantástico.


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