Eslovenia. Truchas a mosca seca en los Alpes Julianos: El Idrija

La belleza del entorno en el valle del Idrija es magestuosa

La belleza del entorno en el valle del Idrija es magestuosa

El Idrija es un afluente del Soca que discurre por un bonito valle durante un buen número de kilómetros y que muere dócilmente junto a la población de Most na Soci (puente sobre el Soca). El caudal del Idrija es considerable a pesar de ser un mero afluente y esto le convierte en el hogar de muchas truchas arcoíris que destacan por su gran tamaño y excelentes dotes para la lucha.

En este río es bien conocida la presencia de las famosas truchas marmoratas pero con el caudal tan bajo, éramos conscientes de que nuestras posibilidades de capturar alguna eran escasas. Las grandes marmoratas gustan de las profundidades de las enormes pozas que tiene este curso fluvial y aunque aparecen en ocasiones a la caída del día, solo cuando el nivel del río sube a causa de la lluvia, existen opciones reales de capturar buenas piezas.

De nuevo, el mayor inconveniente de pescar este tramo es el precio de los permisos: 60 euros sin muerte y 72 con muerte. La calidad del agua y la belleza del entorno junto a la cantidad y tamaño de las truchas y tímalos justifican el precio hasta cierto punto pero por encima de todo garantizan que en el río no se tenga mucha competencia. En los muchos kilómetros que recorrimos explorando el Idrija solamente encontramos un pescador, en el tramo trofeo.

Centrándome en la pesca, diré que estas truchas, dada la claridad del agua pero sobre todo lo complicado de acercarse a ellas para efectuar los lances adecuados, no estaban ni mucho menos tan dispuestas a subir y tomar nuestras imitaciones como las moradoras del Sava. Aquí las truchas eran más grandes, algunas mucho más grandes, pero también más difíciles de engañar. Esto no evitó que unas cuantas, especialmente a la caída de la tarde, sucumbieran a nuestras moscas. Yo empecé clavando una gran arcoíris (60cm) con seca con un trico gris del 18 que me acabó partiendo mi bajo del 14 en una fulgurante carrera río abajo. Menudo ejemplar. La vi apostada al inicio de una corriente entre dos grandes piedras y desde su derecha conseguí colocarle mi tricóptero justo un metro y medio por encima. Cuando vio bajar mi engaño flotando suavemente subió franca y lo tomó sin remilgos. Ese había sido tal vez mi mejor lanzamiento de la tarde y lo más importante, a trucha vista, que es lo que más emoción confiere a este tipo de pesca con mosca seca.

Preciosa arcoíris del Idrija

Preciosa arcoíris del Idrija

La siguiente captura la realizó mi compañero de pesca quien tras tentar a una gran trucha bajo unas ramas divisó otra en medio del río que parecía alimentarse activamente. Al primer lance, con una cooper, el pez se desplazó raudo y engulló la ninfa. Mi compañero pudo esta vez controlar el pez dentro de los límites de la poza al final de la cual lo había clavado y la pieza llego al fondo del salabre. Una arcoíris de colores pálidos y porte majestuoso. Un pez digno de semejante escenario.

Un poco más tarde nos separamos y yo me fui a tentar las truchas río arriba y encontré una tabla magnífica con una corriente suave pero constante y unos 50 o 60cm de agua. Ya no había mucha luz pero todavía pude distinguir un par de cebas en superficie y esto me animó. Al llegar a la altura de unos árboles con ramas en voladizo sobre la orilla busqué, como hago siempre, un lance sigiloso pegado a las hojas más próximas al líquido elemento. Un metro de deriva más abajo y una pequeña explosión en superficie; más por el ruido que por verla, mi brazo ejecuta el movimiento de clavado de forma automática y mi línea se desplaza acto seguido hacia el centro del río: algo muy grande está prendido de mi trico. Tenso más la caña para ver lo que da de sí el animalito y veo que es imposible moverlo del centro de la corriente. Fuerzo un poco más y la bestia sale disparada hacia la orilla opuesta y emerge como un obús para dar 3 saltos consecutivos a la altura de mi cabeza. Nunca había visto una trucha saltar de este modo. “Esto parece un bass de boca pequeña”, me digo, “pero no puede ser”. Otra vez el pez vuelve al centro de la corriente y me veo con la caña muy plegada pensando en cómo voy a sacarlo de ahí. Ahora que la he visto, no tengo dudas de que es una arcoíris de unos 55-60cm con muchas ganas de pelea y pocas de acabar en el fondo de la sacadera. -Esta no sabe que luego la suelto-  me digo a mi mismo. Entonces decido poner presión sobre el pez y tiro con la caña baja desde el lateral derecho del pez. Esto desequilibra al pez en la corriente y le obliga a gastar energía para recuperar su vertical en agua continuamente. Es una vieja forma de cansar a los grandes ejemplares que tozudamente se aferran a la seguridad que les da el fondo del río. Pero esto es arriesgado porque la trucha puede no reaccionar bien a tal presión. Y así ocurre, mi codiciada presa no está dispuesta a aguantar la situación y emprende una veloz carrera río abajo que interrumpe repentinamente para dar dos saltos más que me hielan la sangre en las venas. Y no hay para menos puesto que mi línea se afloja y mi mosca vuela dócilmente hasta mi mano… la trucha ha conseguido zafarse del anzuelo sin muerte y nada ahora libre quién sabe dónde.

Cae ahora la noche y me reúno con mi compañero. Él se ha situado en una poza muy profunda de notable longitud donde 10 o 12 grandes truchas se están cebando en superficie con la avidez propia de estos grandes depredadores. Mi amigo ha ensalabrado ya un par de ellas y otra le ha partido. Tiene el brazo cansado y es mi turno. En 10 minutos consigo clavar 3 truchas en una oscuridad casi completa, solo atisbando las cebas de oídas. Las truchas solo tomas las moscas pescando ligeramente aguas abajo lo que dificulta el clavado. De las 3 truchas consigo llevar a la sacadora solamente una pero las peleas son épicas con también con las otras dos, aunque frustrantes.

Ha caído la noche y aunque las truchas siguen comiendo en superficie no hay tiempo ni opciones para más. La escasa luz del crepúsculo nos ha de permitir salir del río y encontrar el coche atravesando una parcela de bosque espeso y unos campos… Tras varios intentos fallidos encontramos el camino y emprendemos el retorno a casa comentando los avatares de la jornada. Hemos clavado grandes ejemplares y aunque en mi caso, pocos han llegado al salabre, las circunstancias de cada lucha y lo espectacular del río y el entorno han valido los 60 euros de nuestro permiso sin muerte y alimentado la esperanza de que algún día volveremos a este fantástico tramo del Idrija.

Y no lo dudéis, si queréis gozar de esta pesca tan emocionante y necesitáis algun consejo, podéis escribir a info@diariodeunpescador.com. Estaré encantado de echaros una mano.

PD. Os incluyo una foto de una marmorata, gentileza de Jon.

Jon con su marmorata; preciosa trucha.

Jon con su marmorata; preciosa trucha.

1 comentario

  1. Jon said,

    septiembre 4, 2009 a 1:18 pm

    Gracias por subir la foto!😉 Cuando estuve yo tambien me di cuenta de eso que dices que eran más dificiles de engañar que en el Sava y me parecio tambien menos poblado, pero unas truchas buenisimas y unas peleas inolvidables. A nosotros nos fue muy bien la royal coachman😉 Saludos!


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