El sueño de un pescador de bass con mosca (2)

Un buen bass del Bristol River

Un buen bass del Pemi River

Esos diablos verdes

Un tirón secó que plegó mi caña casi hasta hundir la punta en el agua, me hizo recuperar la esperanza. El pez seguía prendido y ahora estaba muy cerca, intentando ganar las rocas afiladas de la orilla y agitando su cabeza de un lado a otro al tiempo que restregaba mi bajo de nylon por las aristas y salientes de los pedruscos descomunales que flanqueaban el Winni en aquel tramo. En primavera, hacia principios de junio, las grandes hembras de bass buscan precisamente estos apostaderos. La temperatura del agua y el aire están subiendo después del duro invierno con temperaturas extremas de hasta 10 o 12 grados bajo cero y un agua que se torna gélida e inhóspita. Ahora el metabolismo del bass se ha activado y la freza se avecina. Hembras como aquella toman posiciones a estas alturas de la temporada esperando que los machos se acerquen a cortejarlas. Estas hembras conocen bien los rincones en los que pasarán las próximas semanas hasta culminar su ciclo vital, cuando depositen sus huevos y vuelvan a las profundidades y coberturas más inaccesibles para águilas y otros enemigos del bass en estas latitudes. Esto es muy común en ríos como el Winni o el Merrimack, cuyo caudal baja ligeramente después del deshielo pero se mantiene a buen nivel antes del estío. Estas grandes rocas se mantienen bajo el agua durante este período de la primavera y los grades bass se disputan los mejores rincones. En otros ríos más pequeños y de corriente más rápida, como el Pemigewasset, por ejemplo a la altura de Bristol, NH, esto no es así porque los peces hacen nidos en casi cualquier lugar donde pueden encontrar medio metro cuadrado de fondo limpio y un poco de protección. No tienen otra alternativa. Esto hace que sea más difícil encontrarlos y que sus apostaderos sean menos previsibles. Harry, un guía local al que contacté antes de organizar mis jornadas de pesca de bass a mosca, ya me lo había advertido y dada su experiencia de más de 20 años pescando los diablillos verdes con mosca por toda la zona, yo estaba seguro de que aquella hembra conocía bien el número de afilados salientes que encontraría si se adentraba en las cavidades inundadas bajo los grandes malecones.

Durante unos segundos que se hicieron eternos, el pez se agitó frenéticamente, golpeando incluso su cabeza contra las rocas, en un intento desesperado de librarse de mi imitación. Pero poco después veía relucir su costado dorado cerca de la superficie. “Ya está cansado”, pensé. “La victoria está cerca”. Lentamente arrastré el rechoncho cuerpo casi inerte del bass hacía mi regazo y como había hecho en miles de ocasiones con otros bass de boca grande, alargué mi brazo para agarrarlo por el labio inferior. Sin embargo, la boca de aquel bass, aunque grande, no parecía tan ancha como para acomodar bien mis dedos y poder agarrarlo con firmeza. Los bass de boca pequeña tienen, como su nombre indica, una boca considerablemente más pequeña que sus primos de boca grande. Además, sus fauces son terriblemente sólidas y muy difíciles de abrir contra la voluntad del pez cuando todavía está en el agua. De esta suerte, cambié la caña de mano y con el salabre en la derecha, deslicé el pez sobre la boca de madera de mi sacadera y con un gesto firme pero nada apresurado levanté mi presa fuera del agua donde se agitó nerviosa. Había triunfado y ahora admiraba un pez de singular belleza con unas franjas verde oliva oscuro justo por encima del opérculo que serpenteaban hasta más allá de la cavidad del ojo. Unos ojos brillantes, de un naranja intenso que jamás había visto, que me miraban desconcertados. Tras una brevísima sesión fotográfica el pez estaba de nuevo en el agua, recuperándose poco a poco de su aventura mientras mis ojos recorrían ya la orilla en busca de otro apostadero aparente que pudiese dar cobijo a algún otro bass.

OTROS PECES

En las frías aguas de los lagos y ríos del nordeste de los Estado Unidos y el sudeste de Canadá, el bass no es el único ni el principal pez deportivo que podemos encontrar. Especies como el lucio, la perca, la trucha arcoíris y el salvelino son muy abundantes. Además también es posible encontrar bass de boca grande y whitefish. En menor medida, aunque se están incrementando los esfuerzos para su reinserción, podremos localizar salmones atlánticos, tanto de repoblación como salvajes. Todos estos peces son agresivos depredadores que, durante el breve período de tiempo en que la nieve y el frío permiten la práctica de la pesca de la forma convencional en que la conocemos, tomarán sin vacilar nuestras moscas y nos ofrecerán horas de diversión frente al agua.

Una zona que resulta especialmente interesante es la que comprende los 3 estados que forman Nueva Inglaterra: Vermont, New Hampshire y Maine. Los innumerables lagos y cursos fluviales que salpican esta zona húmeda y de orografía muy variable, albergan en mayor o menor medida una u otra especie de las que hemos mencionado. Otro aliciente es la belleza del paisaje en el que se enclavan estos ríos y lagos. Montañas de hasta 2000 metros y grandes bosques de coníferas, hayas y robles que se extienden durante kilómetros y kilómetros de un territorio en el que encontramos también la singularidad de la tundra que rodea la cima del Mount Washington y sus alrededores.

Quizás el pez más pescado después del bass sea el lucio y el salvelino, por ejemplo en zonas de media montaña. Por ejemplo, en el área de las White Mountains en New Hampshire, las autoridades competentes han realizado una excelente labor para la recuperación del salvelino autóctono de estos ríos, y hoy en día existen incluso poblaciones salvajes de estos combativos peces en casi todas las vertientes de este pequeño macizo que en invierno incluso permiten el funcionamiento de excelentes pistas de esquí y ofrecen también otros deportes de aventura.

EL EQUIPO

A mi me gusta siempre pescar con un equipo lo más ligero posible. Es más divertido y nos exige más de nosotros mismos. Es una forma de poner en práctica nuestras habilidades en muchos sentidos. Por otra parte, esto no es posible si no utilizamos materiales de alta calidad. Es por ello que para este tipo de pesca yo utilizo una caña Scott de 9 pies de línea 5 y un carrete Orvis Battenkill BS III para líneas 4-6 con un freno más que decente. Una cola de rata WT para lanzar con mayor facilidad y una punta lanzadora de hundimiento rápido de 1,2 metros. Esto me permite lanzar con menos esfuerzo y alcanzar profundidades mayores en zonas de corriente donde de otra forma nuestra mosca prácticamente rebotará en la superficie del agua sin apenas hundirse. No opto por líneas hundidas porque lanzar este tipo de líneas cuando estamos con el agua hasta la cintura es más complicado. Cuando sacamos línea y ésta reposa en el agua se hunde y arrastrarla al soltar la cola de rata es más aparatoso sino imposible en según que situaciones. El bajo no es muy largo, de unos 2 a 3 metros según el tamaño de la wooly bugger que está utilizando. El terminal ideal es un nylon del 20 de buena calidad que aguante las embestidas del bass y la abrasión.

Lo demás depende de nosotros…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: