Crónicas del Diario de un pescador: Cambia el escenario en Anglès-El Pasteral

El Ter en Anglès-El Pasteral con 5,5 metros cúbicos por segundo

El Ter en Anglès-El Pasteral con 5,5 metros cúbicos por segundo

Dos salidas durante la segunda quincena de septiembre con un río que ha cambiado mucho con el descenso de caudal. Éste parece que se ha estabilizado entre los 5 y 5,5 metros cúbicos de agua, nivel que aunque no es el que yo prefiero y, según versiones, no alcanza los poco más de 4 metros cúbicos que deberían bajar por el río, sí que ha permitido que las truchas se mantengan en la mayoría de posturas y que se resitúen en otras. La pesca ahora no es tan sencilla. Hay que bajar el calibre de los terminales y por su puesto el tamaño de las moscas. Sin embargo, en las posturas adecuadas y sobre todo en las corrientes, el pelo de ciervo en tándem con una copper del 16 sigue haciendo estragos.

Alevín fario de preciosa librea

Alevín fario de preciosa librea

Durante la jornada del 17 de septiembre se prodigaron las truchas fario en la parte alta del coto. Truchas de buen tamaño difíciles que se alternaron con muchísimos de los nuevos alevines que se han repoblado en algunos tramos. Alevines preciosos de los que os dejo una muestra. Como siempre, no faltó el típico morlaco arcoíris para amenizar la jornada con unas carreras espectaculares. Como anécdota decir que a última hora clavé la fario más grande que jamás he clavado en Anglès-El Pasteral. Un animal imponente que tras larga pelea acabó por partir mi bajo del 14.

En la segunda salida (30 de septiembre) pudimos constatar que los nuevos alevines se han repartido de forma considerable por casi toda la parte alta del coto. Con gran voracidad atacaron nuestras secas aquí y allá. La anécdota del día, que fue pródigo en capturas y peces grandes (una iris especialmente grande de por lo menos 65cm) que se desclavaron, se produjo cuando de repente, ante nuestro estupor, una arcoíris de unos 55cm surgió de la nada para atrapar uno de estos alevines prendido al final de la línea de mi compañero y arrastrarlo aguas abajo. Nuestra sorpresa fue tal al primer momento que no supimos exactamente cómo reaccionar. Y la arcoíris tiraba y tiraba de la línea con una fuerza increíble. Temerosos de que acabara partiendo el 12 que tenía montado mi compañero, me acerqué, salabre en mano, para o bien ensalabrarla y soltar el pobre alevín o asustarla y que lo soltara por sí misma. Y por suerte, esto último fue lo que sucedió. La iris soltó a su presa y desapareció bajo unas ramas ante la amenaza de la red y yo liberé rápidamente el pequeño alevín (de unos 15cm) y lo recuperé un poco en la corriente hasta que felizmente nadó por si mismo para ganar el abrigo de unas piedras en el fondo. Una experiencia esta que da que pensar respecto a las posibilidades reales de estos alevines de sobrevirir al invierno. Los cormoranes, furtivos y arcoíris que habitan en el coto van a ponérselo difícil. Esperemos que al menos unos pocos lo consigan y el año que viene tengamos una buena legión de veinteañeras ávidas de tomar nuestras secas en corrientes y tablas.

El sereno lo hicimos en la parte baja donde encontramos grandes truchas puestas en una hermosa tabla rodeada de árboles y cañas. Sin embargo, no tuvimos mucho acierto en los clavados y a pesar de levantar varias truchas con un parachute gris del 18 y otro oliva del 20, no pudimos clavar ninguno de aquellos morlacos. La próxima vez será.

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