Patrones de recuperación para el bass: cuestión de ritmo (II)

Mantener el contacto con la línea en todo momento es esencial para detectar las picadas cuando se pesca muy lentamente

Jigs en coberturas

Otro tipo muy distinto de pesca que es más productiva con una recuperación un tanto particular es la que se practica con jigs en coberturas sólidas. Hablamos de estructuras como montones de leña o tocones sumergidos, zonas residenciales por excelencia para el bass. En estos enclaves de localización relativamente fácil, el bass está al acecho de presas que cometan un error y se aventuren demasiado lejos de sus refugios o sencillamente se despisten y se pongan a tiro. También espera ver señales de debilidad en un alburno que nada despreocupado en la protección de un montón de leña o una pequeña perca que ha visto al gran depredador y huye descontrolada. Y es precisamente esto último lo que explota esta táctica que os voy a describir. Una forma de operar con un jig que no es nueva puesto que en 1997 el pro Dion Hibdon ya la empleaba para pescar bajo embarcaderos de madera, con tal éxito, que acabó por proclamarse ganador del BASS Masters Classic de aquel año. Lo primero es hacerse una idea de la posición del bass respecto a la cobertura. Seguidamente, y esto es muy importante, lanzar detrás del pez, haciendo caer nuestro jig más allá de donde pensemos que está apostado y recuperarlo justo por encima de la cabeza del pez. Este primer lance se realiza típicamente en las zonas sombreadas de estructuras, dejando que el jig llegue hasta el fondo. Cuando notamos el fondo comenzamos una recuperación errática y moderadamente rápida simulando la acción de una presa que huye. Hibdon, por ejemplo, lo que hacía es mantener la caña baja y hacer saltar el señuelo con el carrete con cinco o seis vueltas rápidas de manivela. Esto hace que el jig revolotee en pequeños saltos de 30 o 40 centímetros. Seguidamente, se puede dejar que el señuelo caiga hasta posarse de nuevo en el fondo porque, como dice Hibdon, “un pez presa no se alejará mucho de su escondrijo”. Esto se basa en la creencia de que un alburno o una pequeña perca nadarán huyendo de un bass durante unos metros para luego incrustarse en algún tipo de cobertura para esconderse. Este patrón de recuperación rápido pero estructurado en cortos segmentos de acción errática se practica mejor con un jig de media onza porque es suficientemente pesado para mantenerse en el agua a pesar de la velocidad de recuperación que siempre tiende a elevar nuestros señuelos del fondo. Los profesionales suelen equipar a este jig con un tráiler de cola doble para que tenga un poco más de acción.

En cuanto al equipo para lanzar este montaje, los pescadores americanos son partidarios de utilizar una caña de 7 pies de acción media a dura porque cuando el pez pica hay que dar el cachete enseguida y transmitir toda la potencia de la caña al final de la línea. La línea puede ser de entre 17 y 20 libras, resistente pero al mismo tiempo no muy gruesa para que deje mayor libertad al jig. Para presentaciones más verticales en zonas de ramas sumergidas yo prefiero fluorocarbono si pescamos alrededor de la vegetación (porque nos permite tener la línea recta dentro del agua) y paso a un trenzado de 20 libras por lo menos si voy a trabajar mi jig físicamente “dentro” de las ramas.

El golpe de gracia

Cuando los peces presa tratan de huir de las fauces del depredador, tienden a chocar accidentalmente con los objetos que descansan bajo el agua, lo que a la postre les provoca la muerte o serias heridas y de lo que se aprovecha el bass para engullirlos inmediatamente. Imitar estos choques fortuitos de forma sistemática cuando se pesca con crankbaits en estructuras como tocones o árboles sumergidos e incluso grandes rocas en el fondo, es una táctica que produce interrupciones en el ritmo de recuperación que resultan letales para el bass. Esto es efectivo sobre todo para basses que, aun apostados en las coberturas mencionadas, no están alimentándose de forma activa. Esto ocurre en muchos días de verano cuando los peces se encuentran al abrigo de coberturas a poca profundidad que podremos localizar sin problema pero que no nos proporcionarán mucha acción si no recurrimos a algo más que hacer circular nuestros crankbaits alrededor de los peces. Una vez más, una recuperación rápida es clave para provocar la picada de estos peces. Yo mantengo mi caña alta y actúo sobre la manivela de mi carrete de casting con rapidez haciendo rebotar mi señuelo en los troncos sumergidos o las rocas del fondo. Cada vez que noto un golpe acelero todavía un poco más y entonces paro. En este momento es cuando el bass, creyendo que el pececillo asustado se ha golpeado y está muerto o convaleciente, ataca con decisión. Para este tipo de pesca se necesita crankbaits de labio largo, de forma que minimicemos los enganches, que de todas formas se producirán de vez en cuando.

Otra opción, para evitar engorrosas pérdidas de caros señuelos, es utilizar una recuperación rápida con paradas repentinas cuando nos acercamos a una rama u otro obstáculo que hemos localizado. Al detener el señuelo en seco, a menudo éste se desviará de su trayectoria hacia un lado, tal como si estuviese herido. Esto es en cierta forma equivalente a hacerlo rebotar en la propia rama, aunque en mi opinión es más efectivo el primer método.

Para este tipo de pesca se necesita material resistente. Una buena caña de 7 pies de acción media a dura y un carrete de spinning multiplicador 6:1 y una línea de por lo menos 20 libras. Hay que tener en cuenta que un pez clavado entre las ramas costará bastante de sacar si no montamos un carrete rápido, una caña potente y una línea que permita tirar del pez con fuerza, por lo menos en un primer momento, justo después de la picada.

A toda máquina con spinnerbaits

Una lluviosa mañana de junio en Texas, y ante la imposibilidad de salir a pescar, aprendí como Kevin Van Dam sacaba el máximo partido de sus spinnerbaits para la pesca del bass de boca pequeña. Por aquel entonces, muchos, incluido el propio KVD ya habían sospechado que esta misma táctica que funcionaba de maravilla para los smallies en los fríos lagos del norte podía funcionar para los bocazas en lagos más templados de todo el país. ¿Y por qué no aquí en nuestros lagos y embalses? Esto no puede afirmarse categóricamente, pero no hay razón por la cual, si encontramos las condiciones adecuadas, “quemar” un spinnerbait a toda velocidad justo bajo la superficie del agua no pueda darnos grandes alegrías a este lado del charco. Y digo “quemar” porque así le llaman los profesionales americanos. La verbo que usan ellos en inglés es “to burn” que significa quemar, en el sentido de hacerla correr tan rápido que parece que va a sacar humo.

Para este tipo de pesca hay que encontrar peces presa en superficie y bass que estén acechándoles desde abajo en aguas claras y no muy profundas como en pequeñas ensenadas de poca profundidad en lugares protegidos del viento. Si hay rocas o el fondo es de grava, mejor que mejor. En definitiva, queremos un spinnerbait pequeño con palas de oliva al que añadiremos algo de lastre para que se hunda más. El problema con los señuelos pequeños es que no pesan lo suficiente para mantenerse bajo el agua cuando los recuperamos a toda máquina. Según el propio KVD, es crucial que el señuelo no rompa la superficie del agua sino que avance veloz justo por debajo a un ritmo constante que debemos variar para adaptarlo a la cadencia que consiga provocar más reacciones del bass. Cuesta creerlo pero profesionales como Danny Corrreia, creen que cuando un pez persigue el spinnerbait, lo mejor es acelerar todavía más para hacerlo picar. Correia dice que “si ralentizamos la carrera del señuelo, el bass tiende a perder interés en él”. Tiene sentido porque está cazando alburnos y lo que éstos harán, si pueden,  será huir más rápido cuando se vean perseguidos por el depredador.

Este tipo de spinnerbait podemos tunearlo a nuestro gusto cambiando sus palas por una del número 1 y una del 5. Para lanzarla correctamente, Correia utiliza una caña de fibra de vidrio de 7 pies y medio con un carrete de casting con un ratio de 6,2:1 bien lleno de monofilamento de 20 libras de resistencia para mantener mejor el señuelo en la capa alta del agua. Líneas más finas tienden a hundirse más.

La acción frenética de este tipo de recuperaciones hace que el bass se excite y le conduce a reaccionar agresivamente ante la presencia de presuntas presas que tratan de escapar. Si aprendemos como utilizar estas recuperaciones con el ritmo adecuado, podremos completar nuestro repertorio de recursos para tentar al bass y combinar recuperaciones muy lentas y efectivas como el dead sticking con otras con un movimiento trepidante que nos permitirá cubrir un mayor número de situaciones de pesca y aumentar las posibilidades de capturar peces sea cual sea su predisposición o humor.

Publicado en TROFEO PESCA

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