Grandes farios a mosca seca en Oliana

Fario de más de 60cm y gigantesca cabeza capturada en el coto de Oliana

En esta época del año, las farios del coto del Camí de l’Oliva, en el río Segre a su paso por Oliana, mantienen todavía su actividad en superficie en las zonas en que el agua corre rápida y se mantiene fría. Con intención dedicar unas hora a su pesca con mosca seca nos personamos en este tramo del Segre el pasado viernes 10 de septiembre y una vez montadas nuestras líneas del 4 y los correspondientes bajos largos para la pesca en aguas rápidas, nuestros tricópteros empezaron a surcar el aire en busca de las posturas más querenciosas. No había actividad en superficie, al menos evidente, pero nuestra confianza en los tricos de pelo de ciervo que llevábamos era total y, a pesar de un cierto viento en contra, a veces incluso molesto, comenzamos a posar nuestras imitaciones en los blandos de la corriente y cerca de las orillas con poco fondo y espesa vegetación de ribera.

Tras varios lances, JL localiza una trucha apostada junto a unas raíces en la orilla, que denota cierta actividad. Enseguida su trico se posa preciso a pocos decímetros de la cabeza del salmónido. Sin embargo, éste lo ignora y lo deja pasar sin reacción alguna y es una fario más pequeña, pero de fantástico porte y hermosísima librea, la que surge inesperadamente un metro por detrás y lo toma con una ceba franca. Antes, dos metros más a la izquierda JL ya había clavado otra fario parecida que había conseguido librarse del anzuelo sin muerte de su trico. Esta vez, JL maniobra con precisión y la trucha llega a la sacadera. Sus hermosos colores bien merecen una foto.

Liberada la trucha, observamos que nuestro primer objetivo todavía sigue ahí. La pelea con su congénere no la ha asustado. JL modifica su posición en la corriente para poder lanzar con algo más de precisión sobre esta trucha y enseguida consigue un lance perfecto con una deriva muerta impecable; y la trucha levanta su gran cabeza puntiaguda para engullir el engaño. La pelea es breve pero intensa y finalmente el animal llega a la sacadora. Se trata de un macho fario de repoblación de tamaño muy respetable que también merece ser inmortalizado por nuestra cámara.

Seguimos río arriba y continuamos pescando al agua puesto que no vemos actividad alguna de las truchas. JL captura una tercera fario y otra, una pieza de las que hemos venido a buscar, le parte limpiamente el bajo ayudándose de la corriente. Yo por mi parte llevo al salabre una fario más pequeña que ha tomado mi trico en una tabla con corriente constante salpicada de grandes piedras en el fondo entre las que están apostadas las truchas. Unos metros más arriba, mientras camino pegado a la orilla, oigo como JL me llama; tiene otra trucha clavada. Se trata de una arcoíris de buen porte que se debate en el centro de la corriente. Tras observar la pelea durante un par de minutos, pongo de nuevo la vista en el agua y la visión de una gran sombra negra muy cerca de la orilla a tan solo 3 o 4 metros de mis botas me deja paralizado. Se trata de una trucha que, bien orillada, bajo la sombra de unas ramas, parece estar esperando que mi mosca se acerque impertinente a sus enormes fauces. Un par de la lances y no hay reacción. Pero la gran trucha no se asusta. Sigue ahí, retadora. Un tercer lance coloca mi imitación justo delante de su morro y esta vez sí, levanto la caña y la línea se tensa. Rápidamente el animal gira su cuerpo hacia la derecha y con un golpe de su enorme cola pone rumbo a la corriente principal, alejándose raudo de la orilla. Instantes después puedo verlo en toda su longitud y mi sangre empieza a hervir. Es una trucha de por lo menos 60 cm y una cabeza enorme con una boca descomunal. En una primera carrera, lenta pero segura como un tren, la trucha se dirige hacia JL. Grito para avisarle y entonces se apercibe de que tengo clavado un buen ejemplar. Momentos más tarde la trucha está a su altura y JL puede verla con claridad; su rostro cambia de expresión cuando ve al pez en toda su dimensión. Inmediatamente saca la cámara para filmar el desenlace de la pelea. Mientras lo hace el pez ha bajado unos metros y se ha hecho fuerte en la corriente principal. Poco a poco va sacando línea y se sitúa en el centro del río. El como un remolcador y la tensión sobre mi bajo de línea es máxima. Mientras aguanto como puedo, intento situarme mejor y busco instintivamente un lugar donde sepa de antemano que podré ensalabrar al pez si consigo acercarlo lo suficiente. Pasan unos minutos y de repente la trucha comienza a remontar la corriente. Sube río arriba como una locomotora y ya se encuentra ahora por encima de mi posición. Con esta maniobra del pez, no obstante, yo he conseguido recuperar cola de rata y ahora tengo la trucha a tan solo unos 5 o 6 metros. Poco a poco recupero línea y me acerco al pez por detrás. –Espero que no se asuste mucho si ve el salabre– me digo, y en un intento desesperado de asegurar la captura, levanto mi caña todo lo que puedo y deslizo la sacadera por debajo de la cola del pez. Un segundo después levanto mi salabre victorioso y mis ojos pueden contemplar una de las truchas fario más grandes que recuerdo haber capturado jamás. Es un ejemplar que supera con creces los 60cm y, de eso no me cabe duda alguna, es la trucha con la cabeza más grande que he capturado nunca. Nos miramos asombrados y tras la foto de rigor, devolvemos el pez al agua para recuperarlo como se merece.

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