Fin de temporada con mosca seca en Viladrau

Preciosa fario salvaje de Viladrau-Sant Segimon

La mañana del domingo se levantó fresca y gris en Viladrau. Sin embargo, algunos claros entre las nubes atisbaban la posibilidad de que el reconfortante calor del astro rey se abriera camino entre los valles del Montseny así como avanzaba el día. Sobre las 9.30 estábamos ya enfundándonos los vadeadores mientras los primeros rayos de sol comenzaban a calentar las espesas riberas de la Riera Major.

Una vez más, gracias a la amabilidad de Joan Serra (Guies de pesca del Montseny) nos encontrábamos en el sitio justo en el momento preciso. Y así quedó de manifiesto con las primeras truchas que vorazmente atacaron nuestras secas en los hilos rápidos de pequeñas corrientes entre las grandes piedras que dibujan el fondo de la Riera en esta zona. Sin embargo, a pesar de este inicio esperanzador, el sol no parecía tener la fuerza suficiente como para ganar su particular batalla con las nubes y el ambiente se mantenía fresco lo que no ayudaba a mantener la actividad de las pintonas. Así, pasamos una hora con muy poca acción; una picada aquí, un fallo allá o una trucha que corre río arriba, pero, en conjunto, muy lejos de lo que buscamos.

Media hora más tarde hemos recorrido ya un buen tramo y llegamos a un trecho donde del río se abre y la vegetación no es tan espesa. Los rayos del sol penetran entre los árboles de la ribera y proyectan algunas “manchas” luminosas sobre la superficie. Hemos cambiado ya varias veces de imitación, desde una Royal a un tricóptero pasando por una Pirinenca y ahora montamos moscas grandes para atraer buenos ejemplares que hayan salido de sus escondrijos en busca de una buena dosis de proteínas. Rápidamente, Joan clava la primera… una preciosa trucha de 25 cm que pelea como un león para librarse del anzuelo. Mi mosca vuela casi de inmediato sobre la siguiente postura, un hilo de corriente fino junto a una piedra cubierta de musgo justo sobre la orilla y una sombra negra aparece de la nada para engullir violentamente mi tricóptero del 12. Dos metros más arriba Joan lleva al salabre dos truchas prácticamente seguidas y yo me adelanto sobre el final de una buena poza para poner mi mosca suavemente justo sobre la corriente principal que aunque ancha no es muy rápida. La mosca deriva tranquila, lentamente girando sobre si misma y en ese instante un chapoteo repentino la hace desaparecer: es una pintona que no ha podido resistir la tentación. Rápidamente la llevo al salabre y lanzo por encima de la poza sobre el primer hoyo por encima de las espumas que recortan la parte alta de las aguas más profundas. Mi mosca se posa con precisión y enseguida veo una trucha (que no había visto al lanzar) que desciende paralela a mi mosca observándola con gran interés. Medio segundo después, con un golpe de la aleta caudal, el pez rompe la superficie y mi línea se tensa. Esta es una trucha de 26 cm de preciosa librea y lomo oscuro que pelea con una bravura inusitada para su tamaño.

Así son las truchas de Viladrau: fieras y salvajes como pocas quedan en Catalunya.

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